Sodoma y Gomorra

Sodoma y Gomorra: La divertida aventura en Mallorca

Sodoma y GomorraPOR: MAWARÍ BASANTA MOTA


No fotos.

No grabar.

Los carteles escritos en inglés están pegados en cada esquina de este bar en la isla de Mallorca, España.

La mayoría del público son turistas alemanes borrachos, que hablan a todo pulmón intentando seguir una conversación por encima de la música tecno.

Son las 2:00 de la mañana y estamos tres amigos y yo en la discoteca El Paraíso, donde pagamos unos escandalosos 120 euros para entrar.

Descartamos esas salidas fastidiosas a los museos, los monótonos paseos en lancha o algún espectáculo clasificados como “para toda la familia”.

En El Paraíso, un local metido entre un McDonald’s y una tienda de ropa playera, ofrecen un combo mejor que una cajita feliz.

El menú en El Paraíso no es otro que sexo en vivo.

No fotos.

No grabar.

El más valiente.

—¿Do you want pussy? ¡PUSSY! ¡PUSSY! ¡PUSSY!

—¿Qué dice?

Pregunto a mi amiga venezolana, casi española y la razón del por qué estoy hoy aquí, en este antro.

—El tío dice que si quieren cuca.

Los alemanes gritan eufóricos mientras se arriman más a la tarima, en la que están dos camas redondas arropadas con sábanas de un rojo chillón.

El animador repite cada vez más alto, ¡pussy, pussy, pussy! y cuando siente que las ansias echarán abajo la endeble tarima, llama a dos mujeres que entran desnudas al centro del escenario.

El juego es sencillo, cualquier hombre del público puedo subir y demostrar ante todos cómo crece una orgullosa erección, con la ayuda de alguna de esas dos chicas que los masturban y le hacen sexo oral.

Solo tienen un minuto.

—¡Joder! ¿Un minuto?

Se sorprende el novio de mi amiga sin despegar la vista del espectáculo.

El primer valiente es un gordito que no puede parar de reír y al que le bajan los pantalones sin decir muchas palabras.

Cristal o Esmeralda, o como se llame la mujer, toma su pene flácido y lo mete en su boca mientras succiona con vigor.

—¿Sin condón?

Reclamo a mi amiga.

—¡Tía! ¡Ni empalmao está!

Pasa el minuto y despiden con abucheos al gordito que se va sin pena ni gloria.

Un segundo hombre, un alemán que apenas puede sostenerse en pie, modela de forma ridícula para sus amigos  y con seguridad se quita la ropa.

—¡Joder! ¡Qué polla tan fea!

Estoy a pocos metros del show para comprobar cómo todos tienen los ojos vidriosos, llenos de excitación y como uno a uno fracasaba en el intento.

Estoy fastidiada de todo esta demostración fallida de testosterona hasta que llega “Cristiano”, así lo llaman todos por el parecido al futbolista.

Entra desnudo a la tarima con una erección a prueba de burlas y una de las mujeres lo tira en la cama para un 69.

Después subió otro y aquello es en una película porno en 4D, mientras un cántico anima sus proezas sexuales.

Más de 200 personas aplauden.

Hasta que el espectáculo es tan real que un borracho se acerca a mi amiga y la soba de una manera descarada.

—¡Tío! ¿Le has tocado el culo a mi novia?

Sacados de El Paraíso

La guerra se huele a kilómetros.

—¿Le has tocado el culo a mi novia?

El tipo no responde, solo tiene una mueca como sonrisa.

—¡Te voy a pegar una hostia tío!

Lo que sale del abusador es un trabalenguas alemán que suena a mentada de madre.

La sangre se huele a kilómetros.

El novio de mi amiga da el primer golpe y el terremoto replica en toda la discoteca.

En un momento los vasos vuelan, los puños pegan de lado y lado y mi amiga, a pesar de tener diez años en España, saca su vena venezolana en los momentos críticos.

—¡Coño e la madre! Les voy a meter su coñazo a todos.

Un manotón me rompe mi mejor camisa, una garra me jala el cabello, reparto golpes sin saber a quién, hasta que un par de hombres nos sacan de patadas de El Paraíso.

Quedamos solos y a la deriva frente al McDonald´s, con rasguños, moretones y ropa maltrecha.

Estábamos borrachos.

Un desconocido me habla

—¡Hi! ¿Where is The Paradise?

—¿What?

The Paradise.

Mi inglés es tan malo que se puede considerar otro idioma.

—¡Oh! The Paradise is inside us, The Paradise is everyone, is you, is me.

Tardé un día en darme cuenta que me pedía una dirección, tardé un año en fijarme que había estado en Somoda y Gomorra.

Y ahí no se puede tomar fotos, ni grabar videos.


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2 comentarios en “Sodoma y Gomorra: La divertida aventura en Mallorca”

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