Editorial #4: Los que se quedan contra los que se van

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POR: Sebastián Cisternas Arancibia


Escribe un tipo que se fue hace un 1 año y dos semanas. Decidí emigrar, luego que a mi novia la intentaran secuestrar para robarse el carro donde la venían a buscar para llevarla de mi casa a la suya. Por fortuna (qué asco decirlo), solo terminó con un brazo fracturado y los ligamentos de una rodilla rotos.

El programa Y si lo pensamos bien de Venezolana de Televisión emitió un reportaje sobre el fenómeno migratorio en el país, donde prácticamente resumió que los que se van son personas rubias y blancas. Una afirmación hecha a la ligera sin estadísticas reales, pero fiel a línea argumentativa del gobierno.

No es una sorpresa que el canal del estado muestre este tipo de programas donde resaltan el racismo y resentimiento como forma de dividir al país (más de lo que está). Ricos contra pobres, negros contra blancos, chavistas contra opositores, patriotas contra apátridas. Ahora se suma a la nefasta lista: los que se quedaron y los que se fueron (y se van).

Aunque la Venezuela de todos lleve 17 años, los ejemplos rebuscados y patéticos abundan en los medios del gobierno. Entre los que recuerdo está un fotoreportaje de La Iguana Tv donde mostraban que las personas que participaron en las protestas de 2014 eran rubias y pelirrojas. O la campaña de odio contra los colombianos residentes en el país como los responsables del desabastecimiento de alimentos.

No todo se queda en el aspecto del color de piel, también minimiza las razones para irse. Una vez más los ejemplos son absurdos: Como la de un grupo de carteristas que roban a turistas en la Torre Eiffel. Claro, es igual a que un tipo te apunte con una pistola y no le importe accionarla a pesar de que ya le hayas dado todas tus pertenencias. No solo hay racismo, también desborde de cinismo.

Para rematar el festín, muestran extractos del documental universitario Caracas ciudad de despedidas, que generó un rechazo enardecido (que llegó a un odio salvaje) contra los realizadores y los participantes por la forma en que explicaron las razones para abandonar Venezuela, para sentenciar que emigrar es un capricho de la clase media-alta blanca que no tiene argumentos.

El moderador del programa defendió en las redes sociales el reportaje titulado Yo me quedo, indicando que solo buscaba una mirada critica al fenómeno migratorio venezolano. Primero: ese “enfoque crítico” pierde su sentido al conocer la línea editorial sesgada del canal de todos los venezolanos, el que responde a los intereses de un grupo de poder (tal como sucede en los medios privados que tanto critican desde el gobierno)

¿Y todos esos minutos de culto a la personalidad, donde se enaltece el orgullo “patriótico” sembrado por Hugo Chávez? La mirada crítica es (des)calificar a los que deciden irse como unos apátridas. ¿Y de dónde sacan que los que se van denigran a Venezuela? Otra afirmación sin sustento. Esto es parte de la siembra del Comandante Supremo, una división más.

Desde que llegué a Chile conocí a muchos venezolanos (incluso chavistas) y ninguno de ellos siente vergüenza de ser venezolano, ni de sus raíces, todos los días piensan en volver a sus querencias.

La vergüenza es tener que contar cómo un grupo de políticos corruptos llenaron sus cuentas bancarias en detrimento de la calidad de vida de los habitantes, hablando de un patriotismo absurdo. Lo único que han logrado es profundizar las desigualdades que ya existían.

Entre la lluvia de tuits que lanzaba para atacar a los que criticaron el programa, fue que muchos se graduaban, llevándose el título sin aportar nada a Venezuela. ¿Y ese aporte cuál sería? Ponerte el bozal de arepa, caminar como zombie y aplaudir a los tiranos. De lo contrario las puertas se te cierran por apátrida y las pocas puertas independientes que existen se hacen más pequeñas, a punta de amenazas, cada día haciendo imposible darle cabida a todos los que salen de las universidades del país.

No sé, pero me parece más patético lograr un título de periodista para ser la voz de los poderosos, recibir palmadas en la espalda de políticos corruptos y ser un colaborador de esta triste historia donde unos pocos (que hablan en nombre de todos) han despedazado a Venezuela convirtiéndola en una tierra hostil e irreconocible.

Sería irresponsable decir que todos los que se han ido van a volver, pero sé que somos muchos los que anhelamos ese regreso para poder realmente hacer una vida en nuestra tierra, recuperar el tiempo perdido en el (auto)exilio y apoyar a los que se quedaron a reconstruir un país realmente de todos.

El gobierno sigue con su estrategia de dividir para mantenerse amarrado al poder, y por supuesto, sus colaboradores no escatimarán en crear productos como el reportaje mencionado para satisfacerlo.

Qué triste sería ver a los opresores (de nuevo) disfrutar cómo van y vienen los insultos entre los que están adentro y afuera. No le demos el gusto de despojarnos (de quizás el último atisbo) de la libertad de tener amigos, ya es suficiente con todo lo que nos han quitado. No le demos el gusto de aniquilar la amistad por emigrar o quedarse.

¿Y si lo pensamos mejor?

 

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